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LA CLÍNICA, poesía con el culo al aire
A.A.V

La poesía actual de Sucre se presentó a la comunidad boliviana, como debe de ser: con el culo al aire y en bata de locos. Se presentó como nos corresponde, no en un salón, tampoco en una chichería, o un burdel, o un cementerio (ya todos lugares comunes) tampoco en un lugar donde se bebe un vinito para vemos con nuestra cara de cojudos y con el ceño fruncido analizando qué es y qué no es poesía. Se presentó como corresponde: en un bar de clase medieros y en una calle que lleva el nombre de aquél poeta que escribió: “No son manchas / hermano, tus flaquezas / para que estés por ellas triste, esquivo; / si dominar no puedes tus tristezas, / apiádate de ti, sé compasivo. / La compasión ajena te lastima / porque hay oculto dardo en su dulzura; / si tu alma, hermano, gime, pues que gima, / que si hiere el dolor, también depura”. Se presentó, pues, en un bar donde se mezcla la borrachera y la buena vida, donde nos mezclamos todos y de esa mezcla nacen las leyendas urbanas, los desputes, las carcajadas, los amaneceres, las amistades y también las enemistades a toda prueba. Nos presentamos rodeados de fármacos, de alcohol, de música quimérica, de propios y ajenos, de miradas curiosas, de oídos sordos, de mentes perturbadas y almas en proceso de ebullición y transmutación, de gringos y no gringos, de patanes y gente seria, de alimañas y mariposas, de ángeles y demonios. Nuestra poesía, se presentó con toda su diversidad, con todo su registro de voces: voces rotas, voces parchadas, voces como paquidermos, voces como hormiguitas, voces mágicas, voces diversas, en su sexualidad, en su color, en su textura, en su violencia, en su paz, en su forma de ver la vida, de ver la muerte, voces fénicas, voces de la resurrección y las cenizas, voces con voluntad de ser, voces con voluntad de no ser, voces pegajosas, voces adictas, voces adictivas, voces lloronas, voces reilonas, voces etílicas, voces escatológicas, voces como las nubes, voces como las piedras, voces como el agua, voces como las tripas, como los culos, comos los penes, como las tetas de Tiresías, voces como los manicomios, como el amor que es un manicomio, como el odio que no deja de serlo, como el desamor que es como una isla en la que puedes reposar tranquilo de ése demonio hasta que nuevamente se viene el tsunami aquél y vuelves a irte al carajo, voces que gritan, voces que aúllan, que gimen, que susurran, que acarician, voces que alaban, voces que maldicen, voces que emputan, voces que no emputan, voces que venden helados, voces que venden pomadas, voces que venden la eternidad, voces que venden periódicos, voces pornógrafas, voces que te sugieren que te suicides porque todo está perdido, voces que te dicen que te quedes, que todavía falta lo mejor, voces perdidas, voces encontradas, voces encantadas, voces como mandarinas, voces como zapallos, voces incandescentes, voces bajo cero, voces como ecos profundos, voces como la calle, voces repletas como un estadio, voces vacías como un estanque, voces que seducen, voces que buscan en la oscuridad, voces extraviadas en medio de la luz, voces que glorifican los chorizos, voces que glorifican el sándwich de palta, voces que extrañan los laberintos pero que son un laberinto en sí, voces que son como una cueca, como un bailecito, voces que son como el heavy metal, como el hip hop o como la cumbia, voces como voces como voces como voces de miles de voces.La Clínica no solo fue un experimento sino una terapia en la que nuestra poesía actual se ha mostrado desnuda y de cuerpo entero, y lo que hemos visto es horroroso, nada bonito, nada agradable, nada parecido a una rosa, ni a un pie de limón, ni al final de una telenovela coreana, lo que hemos visto es en parte abismo y locura, como debe de ser, hemos visto palabras retorcidas, ardiendo en el fuego de su propia mierda, y eso es lo que es la poesía si en verdad quiere serlo, la conciencia oculta de las palabras que quieren aprisionarnos, esa que rompe con todo y entra con pie de parada en La Clínica, porque sabe que ella es democrática, porque todos estamos dañados, porque todos somos hermanos en el sufrimiento y en el goce, porque todos nos perderemos como un chorro de chicha se pierde en la cloaca, sí, todos y sí, también ¡quién lo dijera!, nos hemos dado cuenta de que somos generosos, ¡los poetas chuquisaqueños somos generosos!, los nacidos en estas tierras del Sur, porque aceptamos a todos los que se sientan solos, extraviados, perdidos en este universo asqueroso, lleno de mentiras y superficialidades, aunque queremos ser claros, estamos concientes de que fuera de aquí, de este territorio, de esta Clínica, no existe nada, solo el vacío y el sinsentido, somos generosos, sí, quién lo dijera, pero hasta por ahí nomás, porque al fin y al cabo somos sucrenses y sabemos que sólo y únicamente nosotros tenemos el monopolio y el don de la locura; y eso, ni cagando, lo negociamos.

 

A continuación, les presentamos a los poetas de La Clínica:

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